Para comprender el efecto terapéutico del masaje hay que partir de un concepto de la escuela Hipocrática griega: Vis medicatrix naturae, que se refiere a la capacidad innata del organismo para la propia curación. La propuesta no es que el masaje cure las enfermedades, pero sí que estimula los mecanismos naturales del cuerpo para acelerar la sanidad (como la mayoría de las terapias realmente eficaces y eficientes)

Piel: La manipulación de la misma estimula la producción y liberación local de un neurotransmisor que produce vasodilatación local y, por ende, un aumento de temperatura de 2 a 3 ºC aumentando la elasticidad de la piel.

Sistema circulatorio: aumenta significativamente la circulación en piel y músculos; resultado que también se consigue gracias a la apertura de los capilares por la acción mecánica del masaje. Esta modificación, ayuda a la oxigenación y alimentación de los tejidos optimizando el metabolismo celular y favoreciendo la eliminación de desechos celulares.

Sistema muscular: El masaje tiene un papel crucial en la nutrición de los músculos. Esto se traduce en una reducción de la fatiga, y en una actividad y coordinación muscular más efectiva al mejorar la capacidad de mantenimiento neuromuscular. Logrando relajar también los músculos tensionados.

Sistema osteoarticular: Mejora el suministro sanguíneo de la articulación y los tejidos que la rodean, eleva la formación y circulación del líquido sinovial. Aumenta la elasticidad del aparato ligamentoso. Al sumar esto a la relajación de las tensiones y contracturas musculares obtenemos mejoras en la amplitud del rango de movimiento articular.

Aparato digestivo: Aumento la motilidad, optimizando el proceso de digestión

 

Sistema Nervioso: Favorece la capacidad para recibir estímulos por aumentar el umbral de excitación; excepto para el dolor, cuya percepción se disminuye. Está comprobado que el masaje incrementa las conexiones neuronales del cuerpo.